Avalista: qué firma exactamente, qué arriesga y cuándo se puede evitar

Hay una conversación que tengo casi cada semana. Un empresario me llama porque el banco le pide un avalista para formalizar una operación de financiación. Y la pregunta siempre es la misma: "¿Tengo que aceptar esto sí o sí?"

La respuesta corta es: depende. Y eso es exactamente lo que voy a contarte aquí.

Soy Javier Olmedo, colaborador de Horizon Advisory y llevo más de doce años trabajando en financiación empresarial. He visto firmar avales sin leer la letra pequeña, he visto socios que acabaron respondiendo con su patrimonio personal por deudas de una empresa que ni dirigían, y también he visto cómo una buena negociación previa evita todo eso. Así que vamos al grano.


Qué es exactamente un avalista

Un avalista es una persona física o jurídica que garantiza ante el banco el pago de una deuda ajena. Si el deudor principal no paga, el banco va directamente contra el avalista. Sin avisos previos, sin plazos de cortesía. Directamente.

Ojo que esto es importante: en España, la mayoría de los avales bancarios son solidarios. Eso significa que el banco no tiene la obligación de ir primero contra la empresa. Puede ir contra el avalista desde el primer impago. Es una diferencia enorme respecto a lo que mucha gente cree.

El avalista responde con todo su patrimonio. La casa, las cuentas, los activos. No hay límite salvo que se haya pactado expresamente un aval limitado, algo que existe pero que los bancos conceden con cuentagotas.

Equipo financiero revisando propuesta bancaria

Por qué los bancos lo piden (y cuándo lo exigen más)

Los bancos piden un avalista cuando perciben riesgo. Así de simple. Puede ser porque la empresa lleva poco tiempo operando, porque el balance no es sólido, porque el sector es volátil, o porque el importe de la operación supera lo que la empresa puede respaldar por sí sola.

En el contexto actual, con el Euríbor a doce meses rondando el 2,5% a principios de 2025 tras los recortes del BCE, los spreads bancarios se han estabilizado pero el apetito de riesgo de las entidades sigue siendo desigual. CaixaBank o Santander pueden tener políticas más flexibles para empresas con historial, mientras que para operaciones nuevas o empresas sin rating claro, Sabadell o Bankinter van a pedir garantías adicionales casi siempre.

Lo que sí es verdad es que el aval personal del socio mayoritario se ha convertido casi en estándar para pymes con menos de tres años de vida o con fondos propios negativos. No es negociable en muchos casos. Pero en otros sí lo es, y ahí es donde hay trabajo que hacer.


Un caso real: la empresa de logística de Murcia

El año pasado me contactó el director financiero de una empresa de logística en Murcia. Necesitaban una línea ICO de 400.000 euros para renovar flota. El banco —en este caso BBVA— les pedía el aval personal de los dos socios, con responsabilidad solidaria e ilimitada.

Uno de los socios tenía patrimonio personal importante: una nave industrial en propiedad y dos viviendas. Estaba muy expuesto.

Lo que hicimos desde Horizon Advisory fue plantear una estructura alternativa: combinar la línea ICO con un aval de CERSA —la Compañía Española de Reafianzamiento— a través de una SGR. Esto permitió reducir el riesgo que asumía el banco directamente y, a cambio, negociamos que el aval personal quedara limitado a un porcentaje del capital pendiente, no sobre el total.

No siempre se puede hacer esto. Pero cuando la empresa tiene un plan de negocio sólido y los números aguantan, hay margen de maniobra que muchos empresarios no aprovechan porque van solos a la negociación.


Las alternativas al aval personal que existen (y poca gente usa)

Antes de firmar como avalista, vale la pena explorar qué más hay sobre la mesa.

Las SGR —Sociedades de Garantía Recíproca— son una opción real. En Catalunya opera AVALIS, y a nivel estatal hay varias entidades que pueden emitir un aval institucional que sustituye parcial o totalmente al personal. El banco ve una garantía más sólida en algunos casos, y el empresario reduce su exposición.

También está la posibilidad de aportar garantías reales en lugar de personales: un inmueble, maquinaria, stock. No es lo mismo pignorar un activo concreto que responder con todo el patrimonio.

Y luego están los avales del ICO dentro de sus líneas específicas, que incluyen tramos garantizados que reducen el riesgo del banco sin necesidad de que el empresario ponga su firma personal.

Dicho esto, no te voy a engañar: en operaciones pequeñas, para empresas jóvenes, o cuando el historial crediticio no es impecable, el banco muchas veces simplemente no va a mover ficha sin un aval personal. Es así. Lo que cambia es cómo estructuras ese aval: limitado, temporal, sobre capital pendiente, con cláusulas de liberación progresiva...

Reunión de trabajo con documentos financieros

Qué revisar antes de firmar como avalista

Si finalmente tienes que firmar, hay cosas que no puedes dejar sin revisar:

El Banco de España tiene publicadas guías sobre transparencia en operaciones de crédito que conviene conocer, aunque en la práctica son documentos técnicos que no siempre ayudan en el día a día de una negociación.


Cuándo tiene sentido pedir ayuda externa

No todo empresario tiene tiempo ni conocimiento para negociar estas condiciones solo frente a un director de riesgos bancario. Es una negociación técnica, con lenguaje específico, donde los detalles del contrato importan tanto como los números.

Hay empresas que me llaman y lo primero que hago es revisar la oferta que les ha puesto el banco sobre la mesa. En bastantes casos, hay condiciones que se pueden mejorar. No siempre. Pero sí con más frecuencia de lo que se cree.

Si estás en ese punto —con una operación de financiación encima de la mesa y dudas sobre lo que estás a punto de firmar— tiene sentido hablarlo antes de comprometerte. Puedes solicitar una reunión gratuita con nuestro equipo y lo revisamos juntos sin compromiso.

Ser avalista no es automáticamente malo. Pero firmarlo sin entender exactamente qué implica sí puede ser un error del que cuesta mucho salir.

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